«¿El Mont-Perdu? No había niño que no lo supiera de memoria. Pero, fuera de eso, no había otra conexión entre el dicho y el hecho. Unos lo situaban en Francia; otros, en España. Alguien lo había visto al pasar por la brecha del Taillón, pero, según sus cuentas, existirían dos o tres Montes Perdidos. Otros lo trataban familiarmente y sostenían que en su juventud habían conducido rebaños a pastar en esa montaña. Se afirmaba que el cazador más valiente solo pudo escalar su cima con ayuda del diablo.» «Una cosa quedaba clara: nadie conocía esta montaña. Nunca existió monte mejor bautizado: monte sin encontrar, Mont-Perdu.»
Desgraciadamente, su muerte impidió la redacción de este (…) volumen (…) dedicado al Monte Perdido, que ha reposado más de medio siglo en un cajón.
No disponemos de la versión final, pero sí de una anterior, en la que aún figuran correcciones manuscritas del propio Guilera, a partir de las cuales
ha sido posible completar esta edición (…) Afortunadamente, este libro ha sido rescatado del olvido y ve la luz ahora, cincuenta y cinco años más
tarde, aportando una valiosa información sobre los inicios del pirineísmo.
(Joaquim Casal Fàbrega, en el prólogo)